AL OTRO LADO, EL MISTERIO.

Primera obra del nuevo año para un encargo, desde mi taller.
El misterio, según la R.A.E. es un asunto secreto o reservado. Adolece en nuestro tiempo, todo es exhibido. Sin embargo perdura, ese placer de la curiosidad, en el Arte. En la mayoría de los casos el espectador a través de la obra no llega inmediatamente a un perfil de la mano que la ejecutó. Abrimos la puerta a la imaginación, a la evasión y a la recreación. Colores, formas y pinceladas inundan nuestras retinas ¿qué quiere decir?, ¿Dónde fue pintado?, ¿dónde ha estado hasta llegar a este momento donde puedo verlo?. Durante esos minutos nuestra mente se expande, cuelga un cartel de “NO ESTAMOS“.
Esto es lo maravilloso del Arte, su capacidad de abstracción. Al mismo tiempo su universalidad, se trata de un mensaje directo con formas diversas. ¿Quién hay al otro lado?
En la entrada anterior hablamos de Arte como necesidad, pero al mismo tiempo salvación. Y claros ejemplos encontramos en todos esos artistas que desafiaron las reglas que predominaban en su tiempo y sí, hablo del mismo Van Gogh. Tan solo vendió una obra en vida y dejó de existir sin disfrutar de su reconocimiento. Como Manet con su “Olympia” en una académica París. Paul Gauguin, abandonó su trabajo y cómoda vida para pintar y cruzar hasta América, sin demasiado éxito en vida. Se ha convertido en el ideal de artista rebelde, enfrentado a la sociedad burguesa y materialista. Más tarde cambiarían la Historia del Arte y la forma de expresión. Definitivamente el Arte para ellos debió ser algo superior e indispensable, ligado intrínsecamente a sus existencias.

Artistas y Sociedad; relación crítica.


La óptica reeducada del espectador es la clave del misterio. En pleno siglo XXI nos resulta curioso o anecdótico que estas obras supusieran una crispación en las sociedad de finales del siglo XIX y principios del XX. Y todo ello es debido a la Modernidad de la que disfrutamos y en la que crecemos. Reconocemos sus elementos indiciarios en el Arte que vemos. Imaginemos que estamos mirando unas escaleras, en cada escalón, siglo por siglo, el Arte que le corresponde. Llegaríamos al último peldaño reconociendo y captando el hilo conductor del Arte. El transito de uno a otro supone un nuevo esfuerzo motriz. 

Escándalo, el padre del Impresionismo.

Olympia, por Manet, 1863.
Óleo sobre lienzo; 1,30 – 1,90 m.
París, Museo de Orsay.

Numerosas publicaciones se hicieron eco del sobresalto social que provocó la obra. “Una epidemia de locas carcajadas se desata ante el cuadro de Manet” apuntaba el Moniteur des Arts. Por su parte La Presse lanzaba su dardo envenenado sobre “Olympia” así; “Cuando el Arte desciende tan bajo no merece ni siquiera un reproche“. Incluso por temor a la ira popular el cuadro fue custodiado y exhibido en lo más alto de la Sala. ¿Elementos provocadores? 1. La blasfemia; la referencia a La Venus de Urbino de Ticiano fue interpretada como un ultraje al maestro de todos los tiempos. 2. Las flores que la criada muestra a la joven son un obsequio de un admirador en lugar del cofre de desposada de La Venus. 3. La dulce pasividad y la sumisión de Ticiano tornan en la irreverencia e impertinente seguridad de Manet. En otras palabras, nuestra dama es una prostituta de lujo que mira con firmeza y desdén a la pequeña y mediana burguesía que frecuentaba la Sala.

Los insultos del color.

La visión después del sermón por Gauguin, 1888.
Óleo sobre lienzo; 0,73 – 0,92 m.
Edimburgo, Museo Nacional de Escocia.

Ese mismo año Paul Gauguin escribía una carta a Vincent Van Gogh. En ella cuenta que en esta obra quiso captar la simplicidad rústica y supersticiosa de los campesinos. Los personajes son completamente costumbristas mientras que el paisaje de fondo es completamente impresionista. El sentido: el paisaje y la lucha solo existen en la imaginación de las gentes, que rezan al finalizar el sermón. ¿Qué vemos? Ruptura, desproporción, crítica, visión personal y sí la fase impresionista de Paul Gauguin. Estos dos grandes maestros trabajaron juntos en Arles, por ello con la culminación de este lienzo envía la misiva a Van Gogh.

Naturaleza muerta.

El sembrador por Van Gogh, 1888.
Óleo sobre lienzo; 0,73 – 0,92 m.
Suiza, Colección particular.

Domina por completo el amarillo con pinceladas vibrantes, llenas de sol, en movimiento. En esa enorme extensión  aparece un segador. Vincent ha tratado varias veces esta temática; el trabajo y siente una profunda admiración por las obras de Millet. No obstante este personaje trae consigo el simbolismo “… es una imagen de la muerte, tal como nos habla en el gran libro de la naturaleza“.  Al pasar, la figura deja un rastro oscuro e inerte; la naturaleza muerta. Otros ejemplos similares son “Los Girasoles” del mismo año y que se encuentra en la Galería Nacional de Londres. Al igual que “Lirios” fechado en 1890 y ubicado en el Museo Van Gogh de Amsterdam.
IL CARMINIO
¡Feliz nuevo año a todos!


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